Estos días estamos viviendo la mayor revolución que hemos vivido a favor de los derechos humanos. Yo creo que ha tardado demasiado, y vamos a ver cómo evolucionan los hechos. Sin embargo, no es de extrañar. Hoy os quiero hablar de un concepto que he descubierto a raíz de esta revolución: la fragilidad blanca, un concepto que nos habla de cómo nos educan para reprimir nuestras emociones y cómo evitamos el tema del racismo (y tantos otros) para no sentirnos incómodos.


Una nueva revolución por la igualdad entre distintas etnias

Protestas contra el racismo en Estados Unidos.
Protestas contra el racismo en Estados Unidos.

No es la primera vez que luchamos a favor de los derechos de minorías discriminadas, sin duda, pero sí lo es a los niveles que estamos viendo. El país de nuestro planeta donde más desigualdades hay, Estados Unidos, se está levantando para luchar contra estas desigualdades. Y lo más increïble es que no solo los discriminados están luchando, sino que la clase privilegiada se está mobilizando con ellos.

Esta revolución nació con el desafortunado asesinato de George Floyd, un hombre de color que murió a manos de cuatro policías de raza blanca en Mineápolis. George Floyd era acusado de haber pagado con un billete de 20 dólares falso y en ningún momento fue violento o se resistió. El evento fue grabado por varios espectadores, ya que el acto ocurrió en plena luz del día y los policías no se preocuparon de esconderlo. Parece ser que, al contrario, disfrutaron de que la gente viera lo que hacían.

Protestantes de color con un cartel en el que pone "no podemos respirar", haciendo alegación a las últimas palabras de George Floyd "No puedo respirar mientras estaba siendo asesinado.
Protestantes de color con un cartel en el que pone “no podemos respirar”, haciendo alegación a las últimas palabras de George Floyd “No puedo respirar mientras estaba siendo asesinado.

El vídeo se hizo viral en internet y generó una indignación colectiva no solo en las personas de color sino en gran parte de la comunidad blanca también, en Estados Unidos y en todo el mundo. A raíz de esto, la comunidad de color se vió motivada a compartir las desigualdades y crueldades a los que se ven sometidos de forma habitual en su país y gran parte del primer mundo ha empezado a escucharles y darles voz.

Fragilidad blanca: ¿Por qué a los blancos nos cuesta tanto hablar de racismo?

Una persona blanca con un cartel en el que pone "tu sesgo" y "tu privilegio" refiriéndose a los sesgos creados por la fragilidad blanca y la tendencia a negar nuestras emociones y aquello que no nos conviene.
Una persona blanca con un cartel en el que pone “tu sesgo” y “tu privilegio” refiriéndose a los sesgos creados por la fragilidad blanca y la tendencia a negar nuestras emociones y aquello que no nos conviene.

Con todo lo que está ocurriendo es difícil negar que existe una desigualdad injusta, sin embargo todavía hay muchas personas que lo niegan. Yo, personalmente, siempre he sido parcialmente consciente que las injustícias estaban ahí, sin embargo, no a estos niveles. También me veo obligada a admitir que poco es lo que he hecho para cambiar estas realidades y que en muchas ocasiones he sido perpetuadora del racismo y me he creído discursos que victimizan a la raza blanca para quitar fuerza a los discursos anti-racistas. Pero a raíz de estos hechos he empezado a reflexionar y leer sobre racismo, y los privilegios que las personas blancas tenemos.

Así es como he conocido el concepto de la “fragilidad blanca” de la que habla Robin DiAngelo y hoy os quiero hablar de ello. Principalmente porque me he sentido especialmente identificada con este fenómeno. No solo yo personalmente sino que me ha hecho reflexionar en cómo las personas blancas (en general) construïmos nuestra emocionalidad.

No soportamos la incomodidad emocional

Robin DiAngelo describe la fragilidad blanca como la dificultad para afrontar el estrés relacionado con el racismo, debido a la negación de nuestras propias emociones. Según DiAngelo, cuando una persona blanca se encuentra en una situación de racismo, tiende a evitarla. Estas situaciones despiertan rabia, miedo y culpa en la comunidad blanca porque hemos sido educados para que así ocurra. Del mismo modo hemos sido educados para evitar las situaciones que nos producen incomodidad, y tales emociones la despiertan. De modo que lo que suele ocurrir en situaciones de racismo es que las personas blancas reaccionemos con nuestra propia victimización y nos pongamos a la defensiva. Así perpetuamos el sistema.

Cuando hablamos de fragilidad blanca, nos referimos especialmente a las situaciones de estrés por racismo, sin embargo la educación para el confort no es exclusiva de este término. Este concepto me ha hecho pensar en cómo nuestra cultura nos educa para evitar la incomodidad, y cómo esto puede estar afectando a nuestra salud mental.

La sociedad occidental vive en una burbuja de distracciones

Vivimos en una sociedad que hace todo lo posible para que evitemos reflexionar y conocernos. Tenemos que producir, producir y producir. Y cuando no estamos produciendo, tenemos que distraernos para “evitar el estrés“. Netflix, redes sociales, videojuegos… incluso leer o hacer manualidades se convierte en una distracción sin reflexión en muchas ocasiones.

Todas estas distracciones y obsesión por la productividad nos lleva a una desconexión con nuestras propias emociones y valores. La rabia, la tristeza y el miedo son percibidas como emociones negativas y nos hacen sentir incómodos. Desde pequeños ya nos enseñan que debemos “controlarlas” y reprimirlas. Así que buscamos distracciones constantemente para evitar encontrarnos con nosotros mismos. No reflexionamos ni nos miramos para mejorar. Al contrario, tendemos a atacar a los demás como mecanismo de defensa para sentirnos mejor.

La necesidad de aceptar nuestras emociones

La fragilidad blanca se refiere a la tendencia a evitar ver aquello que nos hace sentir incómodos, especialmente relacionado con el racismo.
La fragilidad blanca se refiere a la tendencia a evitar ver aquello que nos hace sentir incómodos, especialmente relacionado con el racismo.

Las emociones nos hablan de nuestros valores, de lo que nos importa, de nuestro propio sistema de justicia. Cuando las evitamos, estamos evitando pensar por nosotros mismos y nos estamos subyugando a los valores del sistema. Y así, somos dominados por él y no luchamos por cambiar las injusticias.

Pensar por nosotros mismos, aceptar y querernos con nuestros sentimientos genuinamente y hacer desde la libertad de pensar, es lo que nos aporta mayor bienestar. Cada vez hay más personas con depresión, ansiedad y comportamientos compulsivos, y esto, podría deberse a un efecto rebote por intentar dominar y reprimir nuestras propias emociones.

Ya va siendo hora de escucharnos, de emocionarnos y de sentirnos tal como somos y con lo que traemos desde nuestra propia historia. Es hora de valorar nuestros propios pensamientos y empezar a ser críticos con aquellas cosas que no nos parecen bien. Es hora de empezar una revolución para querernos, para trabajar nuestra propia autoestima y autovaloración. Porque solo si nos queremos y respetamos a nosotros mismos, podremos acabar con la discriminación y odio hacia los otros seres humanos.

Conocer el concepto de la fragilidad blanca y cómo nos educan para reprimir nuestras emociones y perpetuar el racismo me ha hecho reflexionar mucho sobre mi forma de sentir y de reaccionar en mi vida cotidiana.

¿Te sientes identificad@ con este concepto? ¿Cómo crees que la educación que has recibido ha afectado tu forma de sentir? ¿Te gustaría trabajar tu emocionalidad y autoestima?

 

Robin DiAngelo (2011) White fragility. International Journal of Critical Pedagogy, vol 3 54-77.

 


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Meritxell Via Rodríguez

Meritxell Via Rodríguez

Arteterapeuta, Psicóloga e Ilustradora. Acompaño a las personas en su proceso de crecimiento personal, ayudándo a recuperar la confianza en sí mism@s y hacer conscientes sus emociones para sacar el mejor partido de ell@s mism@s.

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